jueves, 11 de octubre de 2012

Los ojos de Gary Gilmore




Gary Gilmore fue un tipo cuyo único logro en la vida había sido cometer el homicidio de dos personas y haber sido ejecutado por el estado de Utah por ello. Su ejecución sirvió para que Norman Mailer escribiera, unos años después, “La canción del verdugo”, que fue publicada en 1979 y que ganó un premio Pulitzer ese mismo año. Billetes van, billetes vienen, posteriormente tuvo dos adaptaciones cinematográficas para televisión, una de ellas protagonizada por Tommy Lee Jones. Sin embargo, en ninguna de esas adaptaciones se narra el hecho de que Gilmore era, a pesar de ser un homicida, un donante de órganos. Sus corneas fueron posteriormente trasplantadas a otras dos personas.

Esto no paso por alto para una banda semioscura de punk inglés The Adverts. Gary Gimore‘s eyes es, de algún modo, la canción que siempre he querido escribir como un cuento. Un tipo se despierta en la camilla de un hospital y se da cuenta de que hay algo mal, que su mirada tiene algo diferente, algo que no le gusta nada pero que de cierto modo le atrae; las enfermeras lo ven con miedo, su comportamiento es errático y enojado. Ahí es cuando recuerda que Gary Gilmore fue ejecutado, y que Gary Gilmore era donante de órganos. Está viendo a través de los ojos de Gary Gilmore, el asesino, ve y entiende el mundo como un psicópata como alguien “malo” y entiende, después de una vida de normalidad y buena ciudadanía, esa maldad. Los ojos reciben mensajes y los envía al cerebro, dice la canción, y concluye que no hay garantía para que el estímulo sea tomado de la misma forma.

Uno a veces siente estar  condenado a repetir alguna acción eternamente. Bioy Casares lo dice magistralmente en su cuento “La trama celeste” cuando habla de los vuelos de prueba que realizaba el aviador Irineo Morris, quien decía que tanto había realizado esos vuelos de prueba que, inevitablemente, llegó a realizar uno sólo. Para mi esta acción eterna y única parece ser el que, cada vez que algún anarquista decide taparse la cara e ir a una manifestación, deba yo escribir algo al respecto.

El pasado nueve de octubre se realizó una marcha estudiantil en contra del veto presidencial al proyecto de ley 17342, conocido popularmente como “ley de fotocopiado”. Hubo antimotines, pasamontañas, pichazos y pedradas. Por supuesto, posteriormente corrieron los videos en los noticieros y los reportajes de periodistas que aparentemente consideran que “Anarquía” es un nombre propio de una organización, que remite a todas las películas de acción malas que se han hecho, y no una posición política que está presente en la historia occidental desde principios del siglo XIX. Eso es de esperarse, billetes van y billetes vienen, hay que hacer un reportaje que venda, ojalá que venda algo vaciado de contenido, o cualquier cosa que parezca información, y solo ofrezca miedo y moralina. Especialmente moralina.

La política y la vida social costarricense han estado cruzadas, desde principios del siglo pasado -pasando por las reformas sociales de la década de 1940 y la instauración de la segunda república, y  hasta nuestros días- por tres ideas básicas: moderación, verticalidad y paternalismo.

El proceso de construcción política y social del “ser costarricense” representa la idea de la moderación política en contra de cualquier tipo de radicalismo. Acá nunca existió el Partido Comunista, ni hubo sindicatos anarquistas, existió Vanguardia Popular, trabajadores honestos amigos del Dr. Calderón y de Monseñor Sanabria, desprovistos de toda carga ideológica radical, un “comunismo a la tica” que no era violento, sino civil, que no tenía protestas sino desfiles del primero de mayo. Claro, a la espera de una central obrera como la Renum Novarum que los sacará de las garras de la violencia y el ateísmo y los llevará por el sendero de la cooperación patronal y la moderación. Todos lo vimos en los libros de texto de la escuela, la foto de los tres “caudillos” Calderón,  Mora y Sanabria sentados sonrientes en el jeep, como amigos que van de paseo, depositando la grandeza de sus ideas en el pueblo que solo esperaba ansioso lo que su visión pudiera ofrecer. No se está cuestionando la importancia histórica y social de las garantías sociales, simplemente se señala la percepción vertical y paternalista de estas medidas y la asimilación del epígrafe “a la tica”. Características que cruzarán transversalmente cualquier tipo de acto político, oficial o no oficial, en Costa Rica a partir de ese periodo.

Es por eso que no sorprende ver sectores del mismo movimiento estudiantil pidiendo que sus compañeros de aula sean entregados, por el mismo movimiento, a las autoridades. Por eso no sorprende tampoco ver un diputado acusando a estudiantes de ser agentes pagados por la Dirección de Inteligencia y Seguridad y luego ver, en el mismo segmento de noticiero, a un supuesto “líder” del movimiento estudiantil decir que se seguirá coordinando con el Ministerio de Seguridad para futuras marchas. No sorprende, solo preocupa.
Ahí es donde entran los ojos Gary Gilmore. Los ojos reciben estímulos, pero no hay garantía de que el cerebro lo interprete de igual manera. Porque los mismos sectores que romantizaron en algún momento la “Primavera Árabe”, el EZLN o las protestas europeas en general cuando ven el mismo encapuchado frente a la Asamblea Legislativa de su país piden a gritos que la policía se los lleve y, ojalá, los encarcele. Niegan que sean estudiantes, seguramente son infiltrados, policías, lo mejor que se puede hacer es coordinar con la policía para que esto no suceda de nuevo.

De pronto solo ven esos ojos, que es lo único que muchas veces se puede ver por la máscara, enojados, o quizás divertidos, alegres, y eso da más miedo, los pone más intranquilos: así no es un costarricense, esta no es una manifestación “a la tica”, el orden debe volver. Me pregunto qué harían si algún día despiertan y sienten que algo no anda bien, la gente los mira asustados y señalan a su oficial de policía más cercano que están ahí, me pregunto qué harían si un día de estos despiertan con los ojos enojados.

Fuente: http://www.revistapaquidermo.com/archives/6848

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